La leyenda del Dorado vino generada por los conquistadores españoles. Supuestamente existía una ciudad de oro ubicada en algún lugar desconocido por los conquistadores en el antiguo Virreinato de Nueva Granada (actual Colombia). Los exploradores españoles deseosos de hacerse ricos en sus viajes por el Nuevo Mundo emprendieron numerosas expediciones. Increíblemente la búsqueda del Dorado comenzó en época de la Conquista, siglo XVI, pero se extendió hasta el siglo XIX.
La busca del “Dorado”, como se denominaba a esta ciudad imaginaria cubierta completamente de oro, empezó en Quito (Ecuador) pero a medida que avanzaba el proceso de conquista se fue extendiendo por el norte de la actual Colombia, por las Guayanas e incluso por el Amazonas. Los indígenas sudamericanos, descubriendo la debilidad de los españoles por el oro, comenzaron a crear numerosas leyendas sobre lugares repletos de este metal precioso. Estas leyendas servían para marear a los españoles, tenerlos ocupados en la búsqueda y alejarlos de sus ciudades. Los indígenas crearon todo tipo de información falsa para evitar que los conquistadores encontraran su sitio sagrado, no por el tesoro que pudiera haber, sino por el significado religioso que tenía para ellos.

Por tanto, El Dorado era todas estas ciudades fantásticas inventadas por las tribus americanas o imaginadas por los propios españoles. Es cierto que en el antiguo Virreinato de Nueva Granada (Colombia) existían abundantes minas de oro. Sin embargo, lo que provocó mayor interés fueron los rumores escuchados ya en el siglo XVI sobre una ceremonia, donde un cacique se cubría completamente de oro para realizar ofrendas a una laguna.
Conquistando tierras aquí y tierras allá, llegaron hasta los muiscas, un pueblo rico en oro y esmeraldas que habitaba en un altiplano cercano a Bogotá. Uno de los rituales religiosos de los muiscas era realizar una ofrenda de oro y piedras preciosas a sus dioses en lagunas ubicadas en la cúspide de las montañas, como es el caso de la laguna de Guatavita. La investidura de un nuevo cacique de la Laguna Sagrada de Guatavita fue el ritual que más impresionó a los españoles. Este ritual fue lo que los propios españoles denominaron como la ceremonia de El Dorado.

Al morir un cacique de los muiscas, el heredero al trono era llevado hasta el borde de la laguna Guatavita. Allí se desnudaba y se untaba todo el cuerpo con un ungüento pegajoso de tierra mezclada con oro en polvo. Subía a una balsa de juncos lujosamente decorada y con un gran montón de figurillas de oro y esmeralda que representaban a sus dioses. Mientras el Zipa se dirigía al centro subido de pie en la balsa, los espectadores (nobleza, gobernantes, guerreros, sacerdotes y vasallos) permanecían al borde la laguna con sus mejores galas y con antorchas encendidas. Cuando la balsa llegaba al centro de la laguna se hacia un gran silencio, el Zipa arrojaba todas sus ofrendas de oro al agua y se bañaba para que el oro en polvo quedase también como ofrenda para los dioses. El ritual terminaba con música y danzas alrededor de la laguna sagrada.

Zipa es el título que se daba al gobernador supremo de los muiscas y se decía que era descendiente de Chia (la Luna). Una curiosidad es que el título de Zipa era hereditario, pero por la rama maternal. Por lo que quien heredaba el trono no era el hijo del anterior Zipa, sino su sobrino, hijo de su hermana mayor. La razón por la que se realizaba dicho ritual en la laguna de Guatavita era la creencia de que en ella se habían arrojado la Cacica con su hijo huyendo del Cacique que la había acusado de infidelidad. Por tanto, los sacerdotes muiscas creían que en el fondo de esta laguna vivían la Cacica y su hijo dentro de un magnifico palacio.
Gracias al descubrimiento de una balsa de oro, conocida como la “balsa muisca” en 1856 y otra en 1969, se pudo confirmar dicha ceremonia. Solo una del as dos se conserva y puede verse en el Museo de Oro en Bogotá, muy recomendada su visita. Después de leer toda esta historia de la mágica leyenda del Dorado, te recomiendo visitar la Sagrada Laguna de Guatavita. Se encuentra a tan solo hora y media de Bogotá y merece realmente la pena. Está a 3100 metros de altura y está rodeada por una espectacular vegetación.

La visita se realiza a pie y dura un poco más de hora y media realizando varias paradas. Además de aprender sobre la ceremonia y disfrutar del maravilloso paisaje, los guías te explicaran muchos aspectos interesantes sobre el pueblo de los muiscas. Podrás ver el boquete realizado por los españoles en época de Conquista para intentar desaguar la Laguna y conseguir el Dorado que ellos imaginaban en su interior. Es una excursión que se puede hacer en medio día desde la ciudad de Bogotá. Sin embargo, puedes dedicar el día entero y en el mismo día conocer el pueblo de Guatavita con su arquitectura colonial bien conservada o la famosa Catedral de Sal de Zipaquirá que te describo en mi artículo de Bogotá y sus alrededores.
Por cierto, el aeropuerto de Bogotá tiene como nombre «El Dorado» en honor a la mítica Leyenda del Dorado.